Alejandra Pizarnik, más que una poeta suicida
Por KATERINE JAIMES PEÑA
En el presente ensayo lo que pretendemos en primera instancia es estudiar la posibilidad o no de ubicar la poética de Pizarnik como resultado de un determinado momento histórico. Es decir, entenderla como parte de un determinado grupo social y mirar su poética como la llevada a forma de una visión del mundo.
Es importante señalar que Goldmann indica, en El hombre y lo absoluto, que la visión del mundo debe ser entendida como una “concepción del mundo”, que para él es “…conjunto de aspiraciones, de sentimientos y de ideas que reúne a los miembros de un grupo (o lo que es más frecuente de una clase social) y los opone a los demás grupos. (Página 29)
Aclaro que lo que pretendo no es analizar la vida empírica de la escritora argentina, sino la concepción del mundo que es plasmada en su obra.
Debo señalar que el interés de realizar un análisis de la poética de Alejandra Pizarnik nace de la lectura de ensayos y textos que aluden a la escritura argentina y los cuales se limitan a perspectivas radicalmente psicológicas o de carácter puramente lingüístico. Lo cual aclaro no me parece mal, pero me gustaría darle una perspectiva distinta.
Se ha escrito, por ejemplo, sobre la representación del cuerpo a través del lenguaje en la poética de Pizarnik, sobre el carácter sádico, depresivo y gótico de su escritura, así como del silencio, entre otros aspectos.
Cesar Aira, por ejemplo, en su texto Alejandra Pizarnik, es el que más intenta extraer a la poeta de su interioridad, para otorgarle un contexto a su escritura, la cual demarca en el surrealismo y en la escritura automática propuesta por dicho movimiento.
Otros autores como Freda Arias de
Elizabeth Zeiss-Bank en dos ensayos sobre Pizarnik, aborda la presencia de la melancolía y de lo noctámbulo en la obra de la poeta y hace un análisis comparativo con la escritora Remedios Varo. Junto a ella, Susan E. Gustafson la analiza desde la perspectiva de las narrativas de depresión femeninas.
Por su parte, Patricia Venti, realiza dos ensayos sobre la obra póstuma de la escritora argentina, ambos de marcado carácter lingüístico. Uno de ellos, desde la mirada de apuntes para sobrevivir y uno segundo para explicar el carácter fraudulento del lenguaje usado por la poeta en dichos textos.
David William Foster, hace un
importante análisis de la representación del cuerpo en nuestra obra objeto,
desde una perspectiva marcadamente simbólica. Junto a esta corriente de mirada,
se encuentra la de Herminia Terrón que aborda las estrategias del silencio o el
fracaso de la palabra en Pizarnik; al tiempo que hace un proceso comparativo
con Sor Juana Inés de
Algo interesante de evidenciar, es que la mayoría de los textos con los que nos topamos hasta el momento no son escritos por latinoamericanos, sino que se tratan de miradas que otras culturas hacen sobre las producciones literarias nuestras.
Además, no se explora el por qué de esas características de su escritura o la visión de mundo que la autora quisiera develar en sus textos. Ante lo anterior, considero importante revertir la mirada que se le ha dado hasta el momento a la poética de Pizarnik para otorgarle una nueva perspectiva. Es decir, extraerla de los límites de la interioridad y ubicarla en un contexto más público. Alzarla a sujeto político y de acción, sin por eso ir en detrimento de su interioridad o violentar lo que en su obra nos está dado.
Una de las ensayistas que nos será de gran utilidad para nuestros propósitos en la argentina Beatriz Sarlo, quien se ha interesado por investigar sobre las relaciones entre sociedad y producción literaria o artística. De manera especial, ha profundizado en las obras de principios del siglo XX, sin embargo, Pizarnik ha ocupado importante lugar en sus lecturas.
Ella, le ha impreso una nueva luz a muchos textos antes anquilosados en perspectivas reiterativas. Su perspectiva sociológica, está influenciada por las teorías de Raymond Williams y Pierre Bourdieu, entre otros. Su preocupación es detectar los rasgos históricos, sociales y culturales en las obras que aborda.
Sarlo publicó recientemente una recopilación de sus ensayos críticos sobre la literatura argentina, los cuales fueron publicados en revistas, diarios y prólogos de libros, desde la década de los 80.
La autora
Como señalé con anterioridad, mi objeto será la obra de la poeta argentina Alejandra Pizarnik. Sin embargo, y debido a la amplitud de su producción literaria, me veré en la obligación de hacer una selección de poemas que sean más oportunos para mi propósito y me permitan limitar mi tema.
En primera instancia, intentaré contextualizar la obra de la autora y exponer brevemente su producción y las circunstancias bajo las cuales fueron escritos sus poemas. De igual manera, veremos algunos aspectos de la biografía de la poeta.
Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en Avellana, provincia de Buenos Aires. Como señala Cesar Aira, en el texto que lleva el nombre de la poeta: fue la segunda hija nacida en el seno de una familia de inmigrantes judíos que había llegado a Argentina tres años antes. Su familia procedía exactamente de “Rovne (Ciudad que fue alternativamente polaca y rusa)”.
Dicho escritor señala, además, que el verdadero nombre de la poeta era Flora Pizarnik y que “Alejandra fue una adopción de su adolescencia”. La autora inició y abandonó, de manera sucesiva, estudios de filosofía, de periodismo, de letras y de pintura.
Se le ha adjudicado a su escritura influencias del surrealismo, movimiento que nace en Francia y que explora los sueños y el inconsciente. Al mismo tiempo, se liga la naturaleza de su escritura a las entonces nacientes teorías psicoanalíticas.
Por otra parte, se habla de una influencia en su poética del existencialismo, como mirada subjetiva de la vida, del ser y de la preocupación por la libertad como valor supremo. De igual manera, se ha señalado que Pizarnik habría rechazado la escritura de mujeres caracterizada por la dulzura, la ternura, la abnegación, entre otros aspectos típicos de la representación de lo femenino.
Ante lo anterior, se le imprime a su escritura un carácter gótico, silencioso e interior, marcado por la individualidad y la libertad. Este aspecto es asociado, por lo general, a su padecimiento de trastornos mentales, a su adicción a las anfetaminas y a su personalidad asocial, introvertida y acomplejada.
También es importante hablar de la generación del 60, época durante la cual muchos de los países latinoamericanos se vieron envueltos en gobiernos totalitaristas. Bajo estas circunstancias los artistas veían la necesidad de referir estos hechos en sus obras, las cuales ahora tenían un importante carácter político. Sin embargo, se sostiene que Pizarnik no estuvo influenciada por dicho movimiento, pues sus escritos aludían básicamente a la interioridad del ser.
Así, sus grandes temas serían: el destierro, la muerte, la noche, la soledad y la negativa a dejar el estado infantil; los cuales estarían demarcados en una escritura metafórica, irónica y abstracta.
Sin embargo, Cristina Piña señala que es inútil intentar conceptualizar su poética, ya que en su universo literario, no se advierten “ni los temas, ni el manejo del lenguaje” característicos de la poesía de las 'décadas de los 50 y los 60, que corresponden a la publicación de sus primeras obras.
El primer libro de poemas publicado por nuestra escritora se tituló La tierra más ajena (1955) y la autora lo firmó con su nombre prácticamente completo: Flora Alejandra Pizarnik. Para ese momento contaba con sólo 19 años de edad. De manera sucesiva escribió La última inocencia (1956) y Las aventuras perdidas (1958).
Desde París, país en el que se radicó en el año de 1960 y en el cual vivió por un total de cuatro años, escribió Árbol de Diana (1962) y el cual fue publicado en Buenos Aires. Ya de regreso a su país natal, publicó Los trabajos y las noches (1965).
De igual manera, Pizarnik
escribió artículos de crítica en distintas revistas y diarios de la época.
Precisamente,
Como escribe Cesar Aira en el
texto Alejandra Pizarnik, “En 1970 hubo un primer intento de suicidio, al que
siguieron otros, y pasó temporadas internada en el pabellón neuropsiquiátrico
del Hospital Pirovano. En septiembre de
Aira señala también que hubo varias publicaciones póstumas de obras inéditas, entre las más importantes: Texto de sombra y otros poemas (1982). En el año de 1994 apareció el primer volumen de Obras completas, del cual se excluía sólo los poemas del primer libro: La tierra más ajena (1955), del cual la autora renegó poco después de su publicación. También se han publicado fragmentos de sus diarios.
A continuación transcribo los poemas que, hasta el momento, he decidido analizar:
La última inocencia
Partir
En cuerpo y alma
Partir.
Partir deshacerse de las miradas
Piedras opresoras
Que duermen en la garganta.
He de partir
No más inercia bajo el sol
No más sangre anonadada
No más fila para morir
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
La única herida
¿qué bestia caída de pasmo
Se arrastra por mi sangre
y quiere salvarse?
He aquí lo difícil:
caminar por las calles
y señalar el cielo o la tierra.
PIÑA Cristina. Poesía y experiencia del límite: leer a Alejandra Pizarnik. Buenos Aires. 2005.
PERCAS, Helena. La poesía femenina argentina. Madrid. España. 1958. ediciones cultura hispánica.
AIRA, Cesar. Alejandra Pizarnik. Madrid. España. 1998. Beatriz viterbo editora.
ARIAS DE
GRAZIANO, Frank. Alejandra Pizarnik, semblanza. México. 1992. Fondo de Cultura Económica.
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